miércoles, 20 de mayo de 2015

EL AJEDREZ EN LA ESCUELA



Numerosos estudios han demostrado que el ajedrez despierta y desarrolla gran
diversidad de capacidades cognitivas, pero no sólo eso, también ayuda a acrecentar la
personalidad y como cualquier deporte, también desarrolla capacidades sociales.


Entre las habilidades cognitivas podemos citar, entre otras, la concentración, la
memoria, la capacidad de reflexión, la capacidad crítica, la atención, la visión espacial,
la agilidad de cálculo mental, la creatividad, la lógica y el pensamiento intuitivo. En
cuanto al desarrollo de la personalidad podemos citar capacidad de decisión, de
superación, mayor autocontrol, autoestima, autonomía… Finalmente, como en
cualquier otro deporte, se potencia la deportividad y el respeto por los demás y por las
normas del juego.
Tal vez todo esto ocurra porque el ajedrez no es sólo un juego, para muchos
también es un deporte, para otros es además una ciencia y para los más apasionados,
un arte.

Todas estas capacidades y valores van interrelacionados, así que podemos decir
que el ajedrez, por su naturaleza lúdica basada en reglas, normas y principios, tiene
mucho que aportar a la escuela como elemento que contribuye a la generación de
valores fundamentales tales como el estudio y la disciplina, entre otros.
Todo esto sin olvidar que el ajedrez tiene una base matemática, el ajedrecista
comienza a “matematizar” situaciones desde el momento en se que enfrenta a la
necesidad de revisar y analizar variables, estudiar las respuestas posibles o trabajar
con las contestaciones más probables de su adversario.
Desde el punto de vista del desarrollo del sentido ético, tenemos que decir que
el ajedrez, al ser un juego de reglas, establece valores, criterios y normas en la
conducta y actitud del jugador, establece una ética de carácter universal. Entre los 9 y
los 12 años es cuando el joven comienza a consolidar la moral autónoma y el ajedrez
da una pauta en el momento propicio para la adquisición de valores y el sentido del
desarrollo de la justicia.
Además, este juego permite establecer conexiones con otras materias. La
síntesis en una exposición en clase, el análisis de un texto literario, la capacidad de
criticar argumentando un determinado artículo… Así mismo, en la aptitud para
solucionar problemas de la vida cotidiana, tan sencillo como el coste de unos
determinados materiales, el escoger en una encrucijada la vía correcta entre varias
alternativas…
No podemos olvidar que el ajedrez, al ser un deporte mental, no es sexista y
tanto hombres como mujeres se enfrentan en lucha de ideas delante de un tablero con
igualdad de condiciones.
Debido a todo esto, y a más, el ajedrez merece crédito porque enseña a niños y
a jóvenes a pensar en busca de soluciones a los distintos problemas (personales,
académicos y profesionales), proviene del saber observar, analizar e interpretar
adecuadamente la realidad que se presenta, y enseña a acatar decisiones y a asumir
errores (sin buscar excusas exteriores) en caso necesario.

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